Papa negro

La guerra que se desencadenará en­tre tres grandes potencias afectará igual­mente al jefe de la cristiandad y al pontífice que habrá sucedido al Papa muerto.

Correrá a su vez un peligro may grave, no sólo en su integridad personal, sino también en la estabili­dad de su propio apostolado.

La Santa Sede, es decir, la cátedra de San Pedro será trasladada a otro lugar y sólo al final del conflicto podrá el Santo Pa­dre volver a Roma, la verdadera sede destinada a albergar al representante del Señor en la Tierra.

Quienes se habían propuesto la obra de subversión y destrucción de la Igle­sia recurrirán al fraude y al engaño y a cualquier otro medio para poder sor­prender al Papa.

Lo cual sucederá en cierta ocasión estando el Papa sentado en la mesa leyendo la Biblia.

Tres serán los encargados de capturar al Papa, mediante un engaño.

Tribulaciones papado.

Antes de que estalle la tercera guerra mundial y caiga el telón de acero Italia será invadida y el Papa asesinado.

De este modo la nave de Pedro, huér­fana de guía, quedará a merced de los dramáticos acontecimientos que segui­rán a esta muerte, no excluida la posi­bilidad de un cisma; entonces el clero, simbólica tripulación de la simbólica nave, la abandonará, echándose al mar como único medio para salvar la vida.

Junto al río (que podría ser el Tíber, si se toma Roma como sede del pa­pado), la tierra se teñirá de sangre.

Por el poder de los tres Reyes temporales,

A otro lugar será transferida la Santa Sede,

Donde la sustancia del espíritu corpóreo,

Será repuesta y recibida por verdadera sede,

Júpiter unido más a Venus que a la Luna

Apareciendo de plenitud blanca:

Venus escondida bajo la blancura de Neptuno,

Por Marte golpeada con la grande rama.

Los que tengan empresa subvertir,

Inigualable reino, fuerte a invencible:

Obrarán, con fraude, noches tres advertir,

Cuando el mayor en la mesa lea la Biblia.

Viento Aquilón hará partir la sede,

Por muros echar cenizas, cal y polvo:

Por lluvia luego que les causará más daño,

Último socorro llegar desde su frontera.